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Un año de aquella noche en París

Este partido fue la viva prueba de que en el fútbol nunca nada está absolutamente dicho.

Tras el decepcionante encuentro de ida que tuvo lugar tres semanas antes, donde Manchester United había perdido el primer duelo de la era Ole Gunnar Solskjaer, los chicos sabían que tenían una tarea titánica en frente.

Pese a las críticas que habían comenzado a surgir, la especulación de los expertos y el foco sobre Ángel Di María y su extraño pasado en el club, los Red Devils viajaron a Francia para cumplir con la vuelta y tratar de lograr “lo imposible” en una Champions League ciertamente peculiar.

Recuerdo el momento del pitazo inicial como si hubiera sido ayer. Lamentablemente, no tuve la posibilidad de alentar al equipo en cuerpo presente, pero intenté hacerlo a mi manera, aunque me encontrara a kilómetros de distancia del Parque de los Príncipes.

El 1-0, que llegó antes de los cinco minutos de juego, se quedó con parte de mi garganta. Había vida…

Antes del primer cuarto de hora, Paris Saint-Germain puso el empate y apago un poco esa ilusión de seguir adelante. Pero los muchachos lo hicieron, nunca se dieron por vencidos antes de tiempo y defendieron los colores del club con garras y dientes, como todo buen representante de Manchester United.

Por consiguiente, el 2-1 cayó antes del complemento y reavivó la llama de la remontada. ¿Por qué no pensar en dar vuelta la serie? Si era algo que ya había ocurrido en momentos incluso más complejos y decisivos de nuestra historia…

El segundo tiempo se tornó durísimo. Los locales sabían que no podían perder esta chance de avanzar en el torneo, y mucho menos tras el buen triunfo que habían sacado en Old Trafford. Por lo tanto, no dudaron en presionar y hacer lo posible para alcanzar el empate.

Afortunadamente, el apoyo de Ole y los hinchas que habían viajado al continente para bancar al equipo ayudó a que todos tiraran para el mismo lado, el de la victoria.

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Ole Gunnar Solskjaer respaldó a sus dirigidos hasta el último momento.

Cuando solo restaban segundos para el final, Diogo Dalot vio el momento justo para aproximarse al área a la carrera. Como la defensa de Paris Saint-Germain se encontraba más o menos abierta, el portugués le pegó al arco. Increíblemente, la pelota terminó desviándose en la mano de Presnel Kimpembe y, gracias a la implementación del VAR, el árbitro hizo justicia y cobró penal.

En ese instante, mi frecuencia cardíaca volvió a alterarse en tiempo récord. El silencio que inundó el estadio fue atroz.

Segundos después, todos los ojos se posaron sobre Marcus Rashford, el encargado de apoyar la pelota sobre el punto fatídico y tratar de superar al experimentado Gianluigi Buffon.

Pese al tremendo peso que se había cargado sobre los hombros, el inglés tomó carrera, midió al arquero italiano y le rompió la red con un derechazo que quedó grabado en la memoria de todos.

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Sin dudas, un instante que vivirá en la memoria de todos los hinchas del club.

Con la garganta por el piso, no encontré reacción más adecuada que gritar el 3-1 con todas mis fuerzas y abrazar a la persona que tenía más cerca. Las lágrimas no paraban de caer, porque había sido una victoria épica y totalmente única.

Mientras tanto, los hinchas que habían viajado a Francia se unieron en un tumulto humano descomunal al que luego se le sumaron los mismísimos jugadores, héroes de una noche que quedará en el corazón de todo amante de este hermoso club.

Hoy, un año más tarde, no pude evitar recordar este partido. Los desalmados de siempre dirán que el equipo no ganó ningún título, sino solo una mísera serie para clasificar a cuartos de Champions League. Pero para mí fue un evento excepcional y sé que para muchos otros también.

Larga vida a Manchester United. ¡Vamos por más alegrías como esta!

Las opiniones expresadas en este artículo son de la autora y no necesariamente reflejan el punto de vista de Manchester United.

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