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Carrick y el recuerdo de Moscú

Este 2020 se cumplen nada más ni nada menos que 12 años de una de las noches más gloriosas de la historia de Manchester United: el triunfo ante Chelsea en la final de la Champions League.

Tras una larga y aguerrida temporada por Premier League, los Red Devils y los Blues se enfrentaron en Rusia para decidir quién se quedaría con un nuevo título.

Más o menos como en la lucha por el campeonato local, los dirigidos por Sir Alex Ferguson fueron los que finalmente se impusieron ante los de Londres aquella noche en Moscú.

Exactamente una década después, Michael Carrick reflexionó sobre el partido más memorable de su carrera.

“La construcción del camino hacia Moscú inició casi un año antes”, comentó en 2018.

“Ganamos la Premier League en 2006/07 y, si me hubiesen preguntado de antemano, hubiese esperado tener el mejor verano después de esa campaña, pero perdimos ante Chelsea en la final de la FA Cup. Sin embargo, esta derrota me enseñó una lección: no importa lo que hayas hecho, ya que la clave está en lo que hagas después. No pude dejar de pensar en ese resultado todo el verano”.

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Michael Carrick en acción ante Chelsea.

“Me olvidé de la liga. Entonces, cuando llegamos a la final de la Champions League en 2008 justo después de haber ganado el campeonato local, creo que las cosas se dieron casi de la misma manera. Sabía muy bien lo que había sentido tras aquella final de FA Cup. Por lo tanto, pienso que eso me motivó enormemente”.

“No iba a dejar que pase de nuevo. Aprovechamos la oportunidad con calma y jugamos un gran primer tiempo ante Chelsea. Traté de subir lo más posible y, después del brillante cabezazo de Cristiano Ronaldo, nos tendríamos que haber puesto dos o tres goles más arriba, pero Petr Čech me atajó una muy buena pelota”.

“Más tarde, ellos pusieron el empate junto antes del entretiempo, y eso cambió el curso del partido. Fue irritante, pero teniendo en cuenta cómo ganamos, el encuentro resultó ser todavía más memorable”.

“Ellos fueron mejores en el complemento, pero el tiempo extra estuvo muy parejo. Entonces, a ese punto, uno ya empieza a pensar en los penales. Comencé a mentalizarme para patear uno, sabiendo lo importante que era y todo lo que significaba. Por ende, cuando terminó el suplementario, supe que ese era el momento para testearme a mí mismo. Si no lo hacía, estaba seguro de que me iba a arrepentir. Tenía que dar un paso al frente. Era ahora o nunca”.

“Fui segundo, después de Carlos Tevez. Llegué hasta el punto fatídico trotando, porque si caminaba iba a tardar mucho más. Sabía lo que iba a hacer, donde quería poner la pelota y, por suerte, Čech se tiró hacia el lado equivocado. Eso fue todo. Sentí un alivio impresionante, porque pude liberar muchas emociones cuando el balón ingresó”.

“Después de eso, nos metimos en problemas. Čech le atajó el penal a Cristiano. Elegí mirar cada remate hasta que John Terry se acercó al área para hacer lo suyo. Si convertía, perdíamos. No sé por qué, pero pensé en hacer algo diferente y empecé a mirar el suelo. ¡Y funciono!”.

“Nunca más miré un penal después de ese partido. Solo confié en las reacciones de mis compañeros. Esa noche tenía a Rio Ferdinand y Nemanja Vidić al lado mío, con sus brazos apoyados sobre mis hombros, prácticamente en silencio. Había mucha tensión, mucha emoción y nervios. Para ser honesto, es algo horrible. Todo el escenario en sí, el de los penales. Hasta que uno gana, creo que es horrible”.

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Con la cabeza baja, el inglés no pudo mirar los penales decisivos en Moscú.

“Fui el último en saber que habíamos ganado. En mi casa, tengo una secuencia de fotos de los chicos reaccionando ante la atajada de Edwin van Der Sar a Nicolas Anelka. Mientras Rio, Vida y los muchachos estaban empezando a correr, yo solo me quedé allí, con los brazos levantados y la cabeza mirando hacia abajo. No había visto el penal, no sabía qué había pasado, solo que habíamos ganado. Pero ni siquiera pensé en eso. ¡Éramos campeones de Europa!”

“Recuerdo el comienzo de los festejos, cuando corrimos desde la mitad de la cancha, viendo a todos volverse absolutamente locos. Desde los chicos que habían jugado, hasta los que estaban en el banco. Fue un momento inolvidable”.

“Después de uno o dos minutos de locura, gritos y saltos, me choqué contra una pared de ladrillos al ver a mi familia entre el público. Recuerdo que dije que necesitaba sentarme o acostarme un segundo. Esa fue la única vez que tuve ganas de llorar en un campo de juego. En realidad, no sabía si reírme, gritar, correr o solo llorar. Fue un sentimiento único”.

“Siendo nosotros, festejamos esa noche, nos tomamos un vuelo al día siguiente y eso fue todo. Ya empezamos a pensar en el próximo desafío. Ganamos el campeonato nuevamente el año siguiente, al igual que el Mundial de Clubes y la Copa de la Liga. También estuvimos muy cerca de quedarnos con otra Champions League. Tendríamos que haberle ganado a Barcelona en Roma, pero eso nunca cambiará el grupo que formamos. Fuimos absolutamente implacables”.

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